Archivos Mensuales: octubre 2018

Buenos días 22/10/2018

NOTICIAS DE CASA: No olvidéis que la iglesia sigue abierta en los recreos y María Auxiliadora y Jesús nos esperan para recibir nuestro saludo. Este miércoles es 24 y tendremos una celebración de la palabra por ciclos.

Lunes 22 de octubre de 2018

 Erase una vez que había un rey que vivía bien su fe cristiana y que no tenía hijos. Por ello, envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos diciendo que cualquier joven que reuniera los requisitos para aspirar a ser el sucesor al trono, debería entrevistarse con el Rey. Pero debía cumplir dos requisitos: Amar a Dios y a su prójimo. En una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje. Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre limosnero. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba: “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme…” El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba. Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!” Sin pensarlo dos veces, le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones. Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un grande y lujoso salón donde estaba el rey. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito dijo: “¡Usted… usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!” En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula: “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!” El Soberano sonriendo dijo: “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”. El joven tartamudeó: “Pero… pe… pero… ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?” El monarca contestó: “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas frente a tu amor a Dios y a tu prójimo. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y no sabría realmente lo que hay en tu corazón. Como limosnero, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba. ¡Tú serás mi heredero! -sentenció el Rey- ¡Tú heredaras mi reino!”.

REFLEXIÓN ¿Somos capaces de dar con generosidad? Dios es misericordioso con nosotros ¿Somos nosotros así con nuestros hermanos? ¿Nos cuesta entregar y compartir lo nuestro?

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 Martes 23 de octubre de 2018

 Hubo una vez en la selva un leopardo muy nocturno. Apenas podía dormir por las noches, y tumbado sobre la rama de su precioso árbol, se dedicaba a mirar lo que ocurría en la selva durante la noche. Fue así como descubrió que en aquella selva había un ladrón, observándole pasar cada noche a la ida con las manos vacías, y a la vuelta con los objetos robados durante sus fechorías. Unas veces eran los plátanos del señor mono, otras la peluca del león o las manchas de la cebra, y un día hasta el colmillo postizo que el gran elefante solía llevar el secreto. Pero como aquel leopardo era un tipo muy tranquilo que vivía al margen de todo el mundo, no quiso decir nada a nadie, pues la cosa no iba con él, y a decir verdad, le hacía gracia descubrir esos secretillos. Así, los animales llegaron a estar revolucionados por la presencia del sigiloso ladrón: el elefante se sentía ridículo sin su colmillo, la cebra parecía un burro blanco y no digamos el león, que ya no imponía ningún respeto estando calvo como una leona. Así estaban la mayoría de los animales, furiosos, confundidos o ridículos, pero el leopardo siguió tranquilo en su árbol, disfrutando incluso cada noche con los viajes del ladrón. Sin embargo, una noche el ladrón se tomó vacaciones, y después de esperarlo durante largo rato, el leopardo se cansó y decidió dormir un rato. Cuando despertó, se descubrió en un lugar muy distinto del que era su hogar, flotando sobre el agua, aún subido al árbol. Estaba en un pequeño lago dentro de una cueva, y a su alrededor pudo ver todos aquellos objetos que noche tras noche había visto robar… ¡el ladrón había cortado el árbol y había robado su propia casa con él dentro! Aquello era el colmo, así que el leopardo, aprovechando que el ladrón no estaba por allí, escapó corriendo, y al momento fue a ver al resto de animales para contarles dónde guardaba sus cosas aquel ladrón… Todos alabaron al leopardo por haber descubierto al ladrón y su escondite, y permitirles recuperar sus cosas. Y resultó que al final, quien más salió perdiendo fue el leopardo, que no pudo replantar su magnífico árbol y tuvo que conformarse con uno mucho peor y en un sitio muy aburrido… y se lamentaba al recordar su indiferencia con los problemas de los demás, viendo que a la larga, por no haber hecho nada, se habían terminado convirtiendo en sus propios problemas.

REFLEXIÓN La indiferencia frente a los problemas de los demás los hace crecer tanto que pueden terminar siendo un problema para nosotros mismos

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Miércoles 24 de octubre de 2018

Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó. Muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, el león atrapó al ratón entre sus garras y dijo dando un rugido: -¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la lección! El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando: – Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites – ¡Ja, ja, ja! – se rio el león mirándole – Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír! Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y su valentía, le dejó marchar. Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles rugidos que hacían temblar las hojas de los árboles. Rápidamente corrió hacia lugar de donde provenía el sonido, y se encontró allí al león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda, le dijo: – No te preocupes, yo te salvaré. Y el león, sin pensarlo le contestó: – Pero cómo, si eres tan pequeño para tanto esfuerzo. El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. El ratón le dijo: – Días atrás, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos. El león no tuvo palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos fueron amigos para siempre.

REFLEXIÓN Aunque quizá pensemos que somos poca cosa o que podemos hace poco, si cada uno pone su granito de arena, se pueden realizar cosas importantes. ¿Cómo podemos ayudar a otras personas más necesitadas?

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Jueves 25 de octubre de 2018

 La bondad es contagiosa

Hola amigos. Una pregunta antes de empezar la mañana, ¿sois buenos? Seguro que sí, pero antes de que contestes, te cuento este cuento. Estate atento. Aquella primavera fue desastrosa para los granjeros: las inundaciones arrasaron la cosecha y el ganado. – Nos arreglaremos (decía con ánimos Juan, el hijo mayor); volveremos a plantar y poco a poco repondremos el ganado. – ¡Pues claro que sí! (se apresuró a decir Elisa, su mujer). Bernardo, el padre, estaba dispuesto a trabajar por tres. Una noche, un viajero llamó a su puerta. Su coche había tenido una avería y pedía quedarse a dormir por aquella noche. Compartió la cena familiar. Después, fumando su pipa en silencio, observó cómo el matrimonio ayudaba a los niños en los deberes y se dio cuenta de lo contentos que estaban. A la mañana siguiente, el viajero dijo al matrimonio: – Les envidio a ustedes. Parecen muy felices… Ellos le aseguraron que de verdad lo eran. El viajero, antes de despedirse, les dijo: – Yo soy un médico famoso y he recorrido las mejores universidades del mundo, pero la más hermosa lección la he recibido en esta granja. Amigos míos, siento que su bondad es contagiosa y les aseguro que de hoy en adelante procuraré imitarles. REFLEXIÓN ¿Es posible vivir sin ayudarnos unos con otros?

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 Viernes  26 de octubre de 2018

 Los voluntarios que limpiaron el desastre del Prestige fueron sin duda protagonistas. Su esfuerzo en la lucha contra la marea negra procedente del petrolero fue una ola de solidaridad que inundó, como el chapapote, las costas gallegas. Procedentes de muchos puntos de España y también de fuera de nuestras fronteras, llegaron a Galicia dispuestos a ayudar. Sin pensar en qué consecuencias tendría para su salud pasar horas recogiendo chapapote de las playas, se enfundaron en monos de plástico blanco y con guantes y mascarillas, se pusieron manos a la obra. De sol a sol recogieron más de 100.000 toneladas de aquella pasta negra y pegajosa en duras e intensas jornadas de trabajo. Una ingrata e interminable labor porque la marea traía constantemente nuevas manchas de fuel. Entonces, con lágrimas en los ojos, los voluntarios reconocían su impotencia ante la magnitud de la tragedia. La espontánea Marea Blanca que limpió incansable los rincones de la Costa da Morte se ganó para siempre el reconocimiento y la gratitud de sus gentes. Además, para muchos fue sin duda un ejemplo de cómo los ciudadanos a veces superan con creces el nivel de los políticos. REFLEXIÓN ¿Cómo puedo contribuir a que el mundo y la sociedad sean un poquito mejores? ¿Es necesario hacer grandes proezas? ¿Cómo puedo ayudar en mi ciudad?

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Buenos días 15 /10 /2018

NOTICIAS DE CASA: Desde el pasado martes tenemos abierta la iglesia durante los recreos. Os invitamos a pasar y saludar a nuestra Madre Auxiliadora, a pedir por alguna necesidad o a dar gracias por el nuevo día.

Esta semana estamos con la campaña del DOMUND, no olvides que tu aportación es importante. ¡GRACIAS!

Lunes 15 de octubre de 2018

Dos hombres que se consideraban buenos amigos paseaban un día por la montaña. Iban charlando tan animadamente que no se dieron cuenta de que un gran oso se les acercaba. Antes de que pudieran reaccionar, se plantó frente a ellos, a menos de tres metros.

Horrorizado, uno de los hombres corrió al árbol más cercano y, de un salto, alcanzó una rama bastante resistente por la que trepó a toda velocidad hasta ponerse a salvo. Al otro no le dio tiempo a escapar y se tumbó en el suelo haciéndose el muerto. Era su única opción y, si salía mal, estaba acabado.

El hombre subido al árbol observaba a su amigo quieto como una estatua y no se atrevía a bajar a ayudarle. Confiaba en que tuviera buena suerte y el plan le saliera bien.

El oso se acercó al que estaba tirado en la hierba y comenzó a olfatearle. Le dio con la pata en un costado y vio que no se movía. Tampoco abría los ojos y su respiración era muy débil. El animal pensó que estaba  más muerto que vivo y se alejó de allí con aire indiferente.

Cuando el hombre que estaba en el árbol comprobó que ya no había peligro alguno, bajó del árbol y corrió a abrazar a su amigo.

-¡Amigo, qué susto he pasado! ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algún daño ese oso entrometido? – preguntó sofocado.

El hombre, sudoroso y aun temblando por el miedo que había pasado, le respondió con claridad.

– Por suerte, estoy bien. Y digo por suerte porque he estado a punto de morir a causa de ese oso. Pensé que eras mi amigo, pero en cuanto viste el peligro saliste corriendo a salvarte tú y a mí me abandonaste.

REFLEXIÓN: La amistad se demuestra en lo bueno y en lo malo. Si alguien a quien consideras tu amigo te abandona en un momento de peligro o en que necesitas ayuda, no confíes demasiado en él porque probablemente, no es un amigo de verdad los verdaderos amigos se ponen en el lugar del otro y actúan como les gustaría que actuaran con ellos en esa misma situación.

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Martes 16 de octubre de 2018

Tras varias horas caminando bajo el sol un hombre pasó por una pequeña granja, la única que había en muchos kilómetros. El olorcillo a cocido llegó hasta su nariz y se dio cuenta de que tenía un hambre, llamó a la puerta y el dueño de la casa, bastante antipático, le abrió.

– ¿Quién es usted y qué busca por estos lugares?

– No se asuste, soy un simple viajero que va de paso. Me preguntaba si podría invitarme a un plato de comida, estoy muerto de hambre y no hay por aquí ninguna posada donde tomar algo caliente.

El granjero le respondió:

– ¡Pues no, no puedo! Son las cinco y mi esposa y yo ya hemos comido ¡En esta casa somos muy puntuales y estrictos con los horarios, así que no voy a hacer ninguna excepción! ¡Váyase por donde vino!

El viajero se quedó con las ganas de comer pero en vez de venirse abajo, reaccionó con astucia; justo cuando el granjero iba a darle con la puerta en las narices, sacó un billete  del bolsillo de su pantalón y se lo dio a un niño que jugaba en la entrada.

– ¡Toma, guapo, para que juegues! ¡Si quieres otro dímelo, que tengo muchos de estos!

El granjero vio de reojo cómo el desconocido le regalaba un billete a su hijo y pensó:

– “Este tipo debe ser rico y eso cambia las cosas… ¡Le invitaré a entrar!”

Abrió la puerta de nuevo y con una gran sonrisa en la cara, le dijo muy educadamente:

– ¡Está bien, pase! Mi mujer le preparará algo bueno que llevarse a la boca.

El viajero pasó al comedor y se sentó a la mesa, mientras, el granjero, un poco nervioso, entró en la cocina para hablar con su mujer. En voz baja, le dijo:

– Creo que este desconocido está forrado de dinero porque le ha regalado a nuestro hijo un billete ¡y le escuché decir que tiene muchos más!

– ¿En serio?… Pues entonces no podemos dejarle escapar ¡Tenemos que aprovecharnos de él como sea! vamos a intentar que esté lo más contento posible, ya se nos ocurrirá algo.

El granjero y su mujer adornaron la mesa con flores y sirvieron la comida en platos de porcelana fina para que se sintiera como un rey, pero el viajero sabía que tanta atención no era ni por caridad ni por amabilidad, sino que lo hacían por interés, porque pensaban que era rico y querían quedarse con parte de su dinero ¡El plan había surtido efecto porque era lo que él quería que pensaran!

– Muchas gracias, señores, todo estaba  realmente delicioso. Y ahora si me disculpan, necesito ir al servicio… ¿Podrían indicarme dónde está?

– ¡Claro, faltaría más! El servicio está junto al granero; salga y lo verá.

– Muchas gracias, caballero, ahora mismo vuelvo.

El astuto viajero salió de la casa con la intención de no volver. Afuera, junto a las escaleras de la entrada, seguía jugando el niño; parecía muy entretenido haciendo un avión de papel con el billete que un par de horas antes le había regalado. Se acercó a él y de un tirón, se lo quitó, lo guardó en su bolsillo y echó a correr.

REFLEXIÓN: No tenemos que tratar bien a los que me rodean por lo que podamos obtener de ellos, tenemos que tratar bien al que me pide ayuda porque es mi hermano y Dios nos dice que nos amemos unos a otros como Él nos ama a nosotros.

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Miércoles 17 de octubre de 2018

Había una vez un joven pastor que cada día salía al campo con su rebaño de cabras, al caer la tarde el chico silbaba y todos los animales se acercaban a él para regresar a la granja.

En una ocasión,  el pastorcillo las llamó como de costumbre pero algo extraño sucedió: por más que silbaba y hacía gestos con las manos, las cabras le ignoraban. No entendía nada y comenzó a gritar como un descosido:

– ¡Vamos, vamos, venid aquí, tenemos que irnos ya!

Nada, las cabras parecían sordas. El chico, desesperado, se sentó en una piedra y comenzó a llorar. Al ratito un lindo conejo se paró ante él y le preguntó:

– ¿Por qué lloras, amigo?

– Lloro porque las cabras no me hacen caso y si no regreso pronto mi padre me va a castigar.

– ¡No te preocupes, tranquilo, yo te ayudaré! ¡Ya verás cómo las hago caminar!

El conejo empezó a saltar y a gruñir entre las cabras para llamar su atención, pero ellas continuaron pastando como si fuera invisible. Abatido, se sentó en la piedra al lado del pastor y comenzó a llorar junto a él. Al rato pasó un lobo que al verlos llorando lo volvió a intentar, pero de nada sirvió, las cabras continuaron pastando tranquilamente, como si nada sucediera, por lo que los tres animales se quedaron llorando al ver que no podían hacer nada.

Al poco tiempo una abejita que volaba cerca se quedó muy sorprendida al ver el curioso grupo de animales llorando. Intrigadísima, se acercó zumbando y, sin posarse, preguntó al lobo:

– ¿Por qué lloras, lobo? ¡No es propio de ti!

– Lloro porque sus cabras no le hacen caso y si no regresa pronto su padre le va a castigar.

– Estaos tranquilos ¡yo haré que se vayan!

Por primera vez los tres dejaron de llorar y estallaron en carcajadas. El pastorcillo, sin dejar de reír, le dijo:

– ¿Tú, con lo pequeña que eres? ¡Qué graciosa! Si nosotros no lo hemos conseguido tú no tienes ninguna posibilidad.

El pequeño insecto se sintió dolido pero no se dio por vencido.

– ¿Ah, no?… ¡Ahora veréis!

Sin perder tiempo se fue hacia el rebaño y comenzó a zumbar sobre él. Las cabras, que tenían un oído muy fino, se sintieron muy molestas y dejaron de comer para taparse las orejas. Entonces, la abeja llevó a cabo la segunda parte del plan: sacó su afilado y brillante aguijón y se lo clavó a la cabra más anciana, que era la líder del grupo. Al sentir el picotazo la cabra salió corriendo hacia la granja y todas las demás la siguieron rápidamente.

El pastor, el conejo y el lobo contemplaron atónitos cómo todas atravesaban el cercado y se iban a la granja. Después, miraron sonrojados a la pequeña abeja y el pastor se disculpó en nombre de todos:

– Perdona, amiga, por habernos reído de ti ¡Nos has dado una buena lección! ¡Gracias por tu ayuda y hasta siempre!

REFLEXIÓN: lo importante no es ser grande o fuerte, sino tener confianza en uno mismo y en los demás para afrontar los problemas y las situaciones difíciles ¡Si te lo propones, casi todo se puede conseguir!

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Jueves 18 de octubre de 2018

Érase una vez un hermoso pajarito azul que vivía en un árbol en la cima de una montaña. Desde ese privilegiado lugar se veía el mar y se podía escuchar el sonido de las olas. Aunque su vida parecía envidiable, el pajarito azul no se sentía plenamente feliz, tenía un sueño: aprender a nadar. Por esta razón, mientras sus amigos disfrutaban picoteando cerezas o haciendo carreras en las praderas cercanas  él se pasaba horas mirando al mar y a los pececillos mientras se repetía una y otra vez: – ‘¡Cuánto me gustaría haber nacido pez!… Si pudiera cambiar mis alas por aletas no me lo pensaría dos veces.’

Pasó una gaviota que al verlo triste pensando en ser un pececillo le dijo: “Escúchame bien lo que te voy a decir: todos los seres del mundo tenemos un montón de virtudes, pero también algunas limitaciones que debemos aceptar con naturalidad.  ¿Es que nunca lo has pensado?”– La verdad es que no mucho dijo el pajarito azul.

Y la gaviota continuó con su explicación: “¿ves esos humanos que pasean descalzos por la playa?¡Jamás podrán volar por sí mismos como nosotras las aves, ni correr a la velocidad de los guepardos, ni saltar de rama en rama al estilo de los gorilas!”

El pajarito azul alegró un poco su cara al escuchar la explicación de la sabia gaviota.

– ¿Y qué me dices de nosotros los animales? ¡Todos tenemos capacidades diferentes! Los peces saben mejor que nadie cómo es el mar, los topos pueden excavar los más largos túneles…  En cambio tú puedes comer  fruta fresca, disfrutar del  aroma de las flores, volar sobre la brisa porque eres ligero como un pedacito de algodón…

El pajarito empezaba a comprender lo que su nueva amiga quería transmitirle.

– Sin ir más lejos ¡fíjate en ti y en mí! Es cierto que como nací gaviota puedo pescar en ese mar que tanto miras, pero soy tan grande que no puedo jugar al escondite entre los matorrales porque me destrozaría las alas. ¡Ah!,  y mejor no hablar de los terribles graznidos que suelto cada vez que muevo el pico… ¡No todos hemos nacido con esa voz melodiosa que tenéis los de tu especie, querido mío!

Las palabras de la gaviota calaron hondo en el corazón del pajarillo que, por primera vez en mucho tiempo, empezó a sentirse afortunado de ser quién era.

– ¡Tienes razón! La naturaleza ha sido generosa conmigo  y por culpa de mi cabezonería me estoy perdiendo muchas cosas.

La gaviota se alegró al ver que el pajarito azul iba recobrando  la ilusión y continuó con su enseñanza: “hay una cosilla más que debes aprender hoy”.

– ¿El qué, amiga gaviota? ¿A qué te refieres?

– Has entendido que debes aceptar tus limitaciones ¿verdad?, hay cosas que no podrás hacer tú solito, pero para eso están los amigos…  ¡Venga, súbete a  mi lomo que nos vamos de aventura! Y se fueron a disfrutar del mar.

REFLEXIÓN: lo importante  es valorar nuestras virtudes y no compararnos con los demás, ya que entre todos debemos completarnos y ayudarnos, aportando cada uno de nosotros lo mejor que tenemos para los demás.

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Viernes  19 de octubre de 2018

Hace muchos años existió un rey que tenía tres hijos trillizos, aunque el interior de cada uno de ellos era muy diferente; Luís era muy estirado y vivía preocupado por relacionarse con gente rica y poderosa. Jaime daba poca importancia a las cosas materiales, era un joven alegre y bromista preocupado por divertirse y pasarlo bien y Alberto era más tímido y tranquilo, le gustaba tocar el arpa, escribir poemas…

El día que cumplieron dieciocho años el rey quiso hacerles un regalo muy especial, los reunió en el salón  de los actos más solemnes y desde su trono cogió una pequeña caja de nácar y del interior sacó tres bolsitas de cuero.

– ¡Acercaos y tomad una cada uno! cada bolsa contiene cien monedas de oro, creo que es una cantidad suficiente para que os vayáis de viaje durante un mes! mi única condición es que partáis este mediodía y dentro de treinta días nos reunamos aquí y me contéis vuestra experiencia ¿De acuerdo?

Los tres jóvenes dieron las gracias y un fuerte abrazo a su padre. Después comenzaron su viaje, cada uno tomó la dirección que mejor le pareció para cumplir sus planes.

Luis decidió cabalgar hacia el Este, allí se concentraban las familias nobles más ricas e influyentes y creyó que había llegado el momento de conocerlas.  Jaime, se fue directo al Sur en busca de sol y alegría, necesitaba fiesta y sabía dónde encontrarla. A diferencia de sus hermanos, Alberto pensó que lo mejor era no hacer planes y recorrer el reino sin un rumbo fijo, sin un destino en concreto al que dirigirse.

Los días fueron pasando y llegó el momento de regresar para dar cuentas al rey, que  les recibió con cariñoso achuchón.

– Bienvenidos, hijos míos. ¡No os imagináis lo mucho que os he echado de menos! ¿A qué esperáis para contarme vuestras aventuras

Luis estaba desenado ser el primero en cotar su viaje:

– ¡La verdad es que yo he tenido un viaje magnífico!  No tardé más de un par de  días en llegar a la ciudad más próspera del reino, en cuanto se enteraron de mi presencia  los aristócratas me agasajaron con desfiles, fuegos artificiales y todo tipo de festejos. Además, como es natural, el tiempo que permanecí allí me alojé en elegantes palacetes, degusté  exquisitos manjares…

– Y mirad mi bolsa… ¡sigue llena! Me han invitado a todo…¿A que es genial?

El desparpajo de Luis hizo reír a su padre.

– ¡Ja, ja, ja! Está claro que has disfrutado y  me alegro mucho por ti.

Seguidamente, el rey miró a otro de sus hijos.

– Y tú, Jaime, ¿te lo has pasado igual de bien que tu hermano?

– ¡Oh, sí, sí, mejor que bien! al poco de partir me crucé con unos carromatos de artistas, como no me reconocieron les dije que era un comerciante y me dejaron unirme al grupo. ¡Fue estupendo! En cada pueblo al que iban ofrecían un espectáculo que dejaba a todo el mundo boquiabierto. Había: equilibristas, cómicos… yo me sentaba entre el público a verlos, una vez que recogían nos íbamos a cenar y  a bailar bajo la luz de la luna. ¡Ay, qué vida tan maravillosa!. Por cierto, me daban cama y comida a cambio de fregar los platos. ¡Tuve tan pocos gastos que traigo de vuelta casi todas las monedas que me llevé!

El padre suspiró pensando que su hijo no tenía remedio.

Finalmente, llegó el turno del tercer hermano.

– Bueno Alberto, ya solo quedas tú…  ¡Cuéntanos cómo te ha ido! No pareces muy alegre…

– Bueno, yo quise ver con mis propios ojos cómo viven los habitantes de nuestro reino. Durante un mes recorrí todas las granjas que pude y charlé con un montón de campesinos de las cosas que más les preocupaban, como la escasez de semillas y la falta de lluvia estos últimos años. Debo decir que todos fueron muy amables y compartieron conmigo lo poquito que tenían.

El anciano clavó su mirada en la del joven y le preguntó:

– No suena demasiado divertido…, ¿puedes explicarme de qué te ha servido todo eso?

Alberto contestó sin dudar

– ¡Para ver la realidad! ¡Para conocer lo que pasa más allá de los muros de palacio!… Los que estamos aquí lo tenemos todo, pero ahí fuera la mayoría de la población trabaja de sol a sol en circunstancias muy duras. ¿Sabíais que muchos no tienen ni un viejo arado que les facilite las tareas del campo? ¿Y que la mayoría sobrevive a base de pan y queso porque no tienen otra cosa que llevarse a la boca?…

A pesar de que lo que estaba contando era muy triste, Alberto no se vino abajo y expuso la parte positiva del viaje.

– ¡Lo bueno es que he tomado nota de todo y tengo un montón de ideas que podemos llevar a cabo para mejorar las condiciones  de vida de todas esas personas!  En cuanto a mis monedas siento decir  que vengo con el saquito vacío porque las repartí entre los más necesitados.

El rey, muy emocionado, se levantó y con voz grave anunció:

– Cuando tomé la decisión de invitaros a viajar fue para poneros a prueba. Miradme… ¡ ya soy un anciano! Necesito descansar, ha llegado la hora de que este reino tenga un nuevo gobernante que guíe su destino.

El rey suspiró con aire cansado se quitó la brillante corona de esmeraldas, la puso sobre la palma de sus manos, y se acercó a sus hijos.

– Querido Alberto… Te has convertido en un hombre culto y compasivo. Has aprovechado todos estos años para estudiar y formarte lo mejor posible porque has entendido perfectamente cuáles son las responsabilidades de un príncipe. Te interesa el bienestar de tu pueblo y te preocupan los más desfavorecidos. Mi corazón me dice que tú eres el elegido. A partir de hoy serás el rey de este reino. Gobierna con justicia y traerás prosperidad, gobierna con bondad y serás amado, gobierna con la razón y serás respetado.

REFLEXIÓN Alberto puso “primero  los últimos”, en su viaje no pensó en divertirse en fiestas, estar con los poderosos…; se preocupó por la gente del pueblo, por los más necesitados, poniéndolos a ellos en el primer lugar, conociendo sus necesidades para poderles ayudar. Por eso el rey le premió. Igual que Dios se alegra siempre que ponemos en primer lugar a los últimos, los más desfavorecidos.

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Buenos días 8/10/2018

NOTICIAS DE CASA: Desde el martes está la iglesia abierta en los recreos. Os invitamos a pasar y saludar a nuestra Madre Auxiliadora o pedir por una necesidad que haya en nuestra familia o simplemente dar gracias por el nuevo día.

Lunes 8 de octubre de 2018

Sensibles e intuitivos

¿Somos sensibles ante los problemas de nuestros compañero o amigos? ¿Sabemos ponernos en la situación de otro compañero?

Al día podemos pasar por multitud de sentimientos desde alegría, tristeza, o muchas más. ¿Pero sabemos detectar los sentimientos de otras personas?

Como dijo Don Bosco nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres, ese tiene que ser el sentimiento que debe de reinar en nuestros patios y clases, para que Don Bosco esté contento.

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Martes 9 de octubre de 2018

Tristeza

En un lugar donde estuvo estudiando Don Bosco junto al reloj que había en el patio había una frase que decía: “Las horas pasan lentas para los triste y rápidas para los alegres” Esa es la regla que debemos seguir como dijimos ayer la alegría, ese debe de ser nuestro principal objetivo en nuestro días, “Estar siempre alegres”.

Domingo Savio, de los mejores alumnos de Don Bosco, llevaba la alegría allá donde fuera, decía que era mejor hacer el bien siendo alegre que el mal.

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Miércoles 10 de octubre de 2018

Compasión

La compasión nos hace más humano, porque consiste en solidarizarse con los problemas y males de otras personas, es acompañar en la lucha o en la pena a otra persona.

A todos nos gustaría que cuando tengamos algún problema estemos ayudados y acompañados por nuestros amigos o compañeros. Esto es señal de buen compañero y amigo, estar con los nuestra gente no solo en los buenos momentos sino también y más importante cuando están sufriendo alguna dificultad, porque así se supera con mayor facilidad.

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Jueves 11 de octubre de 2018

Misericordia

Todos debemos tener un buen corazón, y en un corazón cristiano, la principal característica es el amor y justo a continuación es el perdón. Una persona misericordiosa es que perdona y ama a la vez, todo a la vez. Cuando alguien nos pida perdón nuestro corazón debe estar preparado para perdonar, siempre debemos pedir perdón cuando nos equivocamos y perdonar a quien nos ha hecho algo, así se demostrará que nuestro corazón sabe también amar.

Os deseo mañana una ¡Feliz fiesta de la Hispanidad!

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Buenos días 01/10/2018

Lunes 1 de octubre de 2018

Empatía

¿Qué es la empatía? ¿Alguien sabría decirnos que quiere decir está palabra?

Puede que no la hayamos estudiado todavía en clase o sea la primera vez que la escuchamos, pero en nuestra vida diaria tenemos que ponerla en práctica o ya lo hacemos sin darnos cuenta.

Empatía es preocuparnos de nuestro compañero, saber cómo está, si está enfadado, triste, alegre. Es acompañar y compartir nuestros sentimientos con los que vivimos a diario.

Para hacer verdad la campaña “Primero los últimos” tenemos que pensar cómo se siente los últimos, para que sean verdaderamente los primeros.

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Martes 2 de octubre de 2018

Necesitamos unos de otros

Hace unas semanas empezamos el curso, nos queda muchos meses en el que viviremos muchas aventuras juntos, y debemos vivirla como un grupo unido, compartirlo con todos nuestros compañeros.

Todos somos responsables que nos vaya bien el curso, cuidarnos, respetarnos y ayudarnos a superar las dificultades, problemas o peleas que vayan surgiendo a lo largo de este curso.

En un equipo de fútbol tan necesario es el portero como el delantero, defensa o centrocampista, para que al final de la competición haya buenos resultados, todos deberá esforzarse al máximo para el gran éxito, que será común el triunfo.

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Miércoles 3 de octubre de 2018

Contagio afectivo

¿Tenemos compañeros que en los recreos están solo? Todos tenemos que estar atentos que nadie se quede solo, todos debemos juntos, compartir.

Cuando uno está alegre, está alegría se contagia a las personas que están a nuestro alrededor, pero si sucede lo contrario, si alguien está triste, esto debe de hacernos por preocuparnos por esta persona.

Nuestra mayor preocupación debe de ser aquellos compañeros que están solo o tristes, sería un bonito gesto el poderlos acompañar y hacer que cambien el estado de ánimo que están pasando.

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Jueves 4 de octubre de 2018

Tolerancia

Respetarnos unos a otros es fundamental para un buen ambiente dentro de la clase, a todos nos gustan que nos respeten y lo mismo debemos hacer. Lo que no te gusta que ati te hagan, tú no lo hagas.

No insultar, burlarse, mofarse, reírse de alguna persona es una falta grave en nuestra actitud como buen compañero, con estas acciones hacemos que el último siga siendo el último, que lo tengamos casi discriminado y con diversos problemas de relacionarse con los demás.

La falta de tolerancia hace que nuestra sociedad o clase tenga un ambiente triste, todo lo contrario a lo necesario para aprender y desarrollarnos juntos.

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Viernes 5 de octubre de 2018

En el Evangelio del próximo domingo nos dice que los niños somos los preferidos de Dios, él nos quiere como somos, siendo unos niños.

Jesús nos lo dice más de una vez en su vida, que los niños, desfavorecidos, perseguidos y pobres están en el centro de su corazón. Debéis ser niños buenos, no solo por ser niños Jesús nos quiere, sino porque debemos comportarnos bien como a él le gustaríamos que fuéramos, como hemos estado viendo durante toda la semana, debemos respetar y ayudar a nuestros compañeros en todas las necesidades. Para que así entremos en el Reino de los Cielos.

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