Buenos días 22/10/2018

NOTICIAS DE CASA: No olvidéis que la iglesia sigue abierta en los recreos y María Auxiliadora y Jesús nos esperan para recibir nuestro saludo. Este miércoles es 24 y tendremos una celebración de la palabra por ciclos.

Lunes 22 de octubre de 2018

 Erase una vez que había un rey que vivía bien su fe cristiana y que no tenía hijos. Por ello, envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos diciendo que cualquier joven que reuniera los requisitos para aspirar a ser el sucesor al trono, debería entrevistarse con el Rey. Pero debía cumplir dos requisitos: Amar a Dios y a su prójimo. En una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje. Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre limosnero. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba: “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme…” El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba. Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!” Sin pensarlo dos veces, le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones. Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un grande y lujoso salón donde estaba el rey. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito dijo: “¡Usted… usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!” En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula: “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!” El Soberano sonriendo dijo: “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”. El joven tartamudeó: “Pero… pe… pero… ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?” El monarca contestó: “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas frente a tu amor a Dios y a tu prójimo. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y no sabría realmente lo que hay en tu corazón. Como limosnero, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba. ¡Tú serás mi heredero! -sentenció el Rey- ¡Tú heredaras mi reino!”.

REFLEXIÓN ¿Somos capaces de dar con generosidad? Dios es misericordioso con nosotros ¿Somos nosotros así con nuestros hermanos? ¿Nos cuesta entregar y compartir lo nuestro?

.-DIOS TE SALVE MARÍA…/-MARÍA AUXILIADORA DE…/-EN EL NOMBRE DEL PADRE Y…

 Martes 23 de octubre de 2018

 Hubo una vez en la selva un leopardo muy nocturno. Apenas podía dormir por las noches, y tumbado sobre la rama de su precioso árbol, se dedicaba a mirar lo que ocurría en la selva durante la noche. Fue así como descubrió que en aquella selva había un ladrón, observándole pasar cada noche a la ida con las manos vacías, y a la vuelta con los objetos robados durante sus fechorías. Unas veces eran los plátanos del señor mono, otras la peluca del león o las manchas de la cebra, y un día hasta el colmillo postizo que el gran elefante solía llevar el secreto. Pero como aquel leopardo era un tipo muy tranquilo que vivía al margen de todo el mundo, no quiso decir nada a nadie, pues la cosa no iba con él, y a decir verdad, le hacía gracia descubrir esos secretillos. Así, los animales llegaron a estar revolucionados por la presencia del sigiloso ladrón: el elefante se sentía ridículo sin su colmillo, la cebra parecía un burro blanco y no digamos el león, que ya no imponía ningún respeto estando calvo como una leona. Así estaban la mayoría de los animales, furiosos, confundidos o ridículos, pero el leopardo siguió tranquilo en su árbol, disfrutando incluso cada noche con los viajes del ladrón. Sin embargo, una noche el ladrón se tomó vacaciones, y después de esperarlo durante largo rato, el leopardo se cansó y decidió dormir un rato. Cuando despertó, se descubrió en un lugar muy distinto del que era su hogar, flotando sobre el agua, aún subido al árbol. Estaba en un pequeño lago dentro de una cueva, y a su alrededor pudo ver todos aquellos objetos que noche tras noche había visto robar… ¡el ladrón había cortado el árbol y había robado su propia casa con él dentro! Aquello era el colmo, así que el leopardo, aprovechando que el ladrón no estaba por allí, escapó corriendo, y al momento fue a ver al resto de animales para contarles dónde guardaba sus cosas aquel ladrón… Todos alabaron al leopardo por haber descubierto al ladrón y su escondite, y permitirles recuperar sus cosas. Y resultó que al final, quien más salió perdiendo fue el leopardo, que no pudo replantar su magnífico árbol y tuvo que conformarse con uno mucho peor y en un sitio muy aburrido… y se lamentaba al recordar su indiferencia con los problemas de los demás, viendo que a la larga, por no haber hecho nada, se habían terminado convirtiendo en sus propios problemas.

REFLEXIÓN La indiferencia frente a los problemas de los demás los hace crecer tanto que pueden terminar siendo un problema para nosotros mismos

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Miércoles 24 de octubre de 2018

Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó. Muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, el león atrapó al ratón entre sus garras y dijo dando un rugido: -¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la lección! El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando: – Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites – ¡Ja, ja, ja! – se rio el león mirándole – Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír! Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y su valentía, le dejó marchar. Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles rugidos que hacían temblar las hojas de los árboles. Rápidamente corrió hacia lugar de donde provenía el sonido, y se encontró allí al león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda, le dijo: – No te preocupes, yo te salvaré. Y el león, sin pensarlo le contestó: – Pero cómo, si eres tan pequeño para tanto esfuerzo. El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. El ratón le dijo: – Días atrás, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos. El león no tuvo palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos fueron amigos para siempre.

REFLEXIÓN Aunque quizá pensemos que somos poca cosa o que podemos hace poco, si cada uno pone su granito de arena, se pueden realizar cosas importantes. ¿Cómo podemos ayudar a otras personas más necesitadas?

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Jueves 25 de octubre de 2018

 La bondad es contagiosa

Hola amigos. Una pregunta antes de empezar la mañana, ¿sois buenos? Seguro que sí, pero antes de que contestes, te cuento este cuento. Estate atento. Aquella primavera fue desastrosa para los granjeros: las inundaciones arrasaron la cosecha y el ganado. – Nos arreglaremos (decía con ánimos Juan, el hijo mayor); volveremos a plantar y poco a poco repondremos el ganado. – ¡Pues claro que sí! (se apresuró a decir Elisa, su mujer). Bernardo, el padre, estaba dispuesto a trabajar por tres. Una noche, un viajero llamó a su puerta. Su coche había tenido una avería y pedía quedarse a dormir por aquella noche. Compartió la cena familiar. Después, fumando su pipa en silencio, observó cómo el matrimonio ayudaba a los niños en los deberes y se dio cuenta de lo contentos que estaban. A la mañana siguiente, el viajero dijo al matrimonio: – Les envidio a ustedes. Parecen muy felices… Ellos le aseguraron que de verdad lo eran. El viajero, antes de despedirse, les dijo: – Yo soy un médico famoso y he recorrido las mejores universidades del mundo, pero la más hermosa lección la he recibido en esta granja. Amigos míos, siento que su bondad es contagiosa y les aseguro que de hoy en adelante procuraré imitarles. REFLEXIÓN ¿Es posible vivir sin ayudarnos unos con otros?

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 Viernes  26 de octubre de 2018

 Los voluntarios que limpiaron el desastre del Prestige fueron sin duda protagonistas. Su esfuerzo en la lucha contra la marea negra procedente del petrolero fue una ola de solidaridad que inundó, como el chapapote, las costas gallegas. Procedentes de muchos puntos de España y también de fuera de nuestras fronteras, llegaron a Galicia dispuestos a ayudar. Sin pensar en qué consecuencias tendría para su salud pasar horas recogiendo chapapote de las playas, se enfundaron en monos de plástico blanco y con guantes y mascarillas, se pusieron manos a la obra. De sol a sol recogieron más de 100.000 toneladas de aquella pasta negra y pegajosa en duras e intensas jornadas de trabajo. Una ingrata e interminable labor porque la marea traía constantemente nuevas manchas de fuel. Entonces, con lágrimas en los ojos, los voluntarios reconocían su impotencia ante la magnitud de la tragedia. La espontánea Marea Blanca que limpió incansable los rincones de la Costa da Morte se ganó para siempre el reconocimiento y la gratitud de sus gentes. Además, para muchos fue sin duda un ejemplo de cómo los ciudadanos a veces superan con creces el nivel de los políticos. REFLEXIÓN ¿Cómo puedo contribuir a que el mundo y la sociedad sean un poquito mejores? ¿Es necesario hacer grandes proezas? ¿Cómo puedo ayudar en mi ciudad?

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